Que las lágrimas formen un vestido nocturno

Que las lágrimas formen un vestido nocturno
qué mis sonrisas sean una diadema de oro
que los silencios collares de perlas
que el sol , sea la luz que ilumine mi senda.

Que tu caricias se convierta en rosas frescas
que tu mano me ayude a transitar por las piedras
que el cielo sea mí paisaje eterno.

Tal vez las sombras sean inmensas y gigantes
pero no hay nada que el amor no venza.

Sigue leyendo a Claudia Nemirovsky

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