Tristeza

Enmudecí ante tu soledad
mirarte allí sentada, como perdida
sin una mano que te acaricie
y pueda iluminar tu día.

Tristeza tan profunda que duele
pensar que tuviste una vida tan distinta
que fuiste un pasado alegre
y ahora estás penosamente recluída.

Cuántas veces te he ayudado sin nadie pedirlo
te vi tan frágil , clamando por un abrazo o sonrisa.

Y me iba a mi casa ,  afligida
pensando que a mi madre
la rodeaba su familia
y tú , sin nadie, sin una mano , cariñosamente tendida.

Qué tristeza, te irás sin ninguna despedida.

Sigue leyendo a Claudia Nemirovsky

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