Cuando la realidad de la vida es aparecer, desaparecer y reaparecer, significa que, al surgir un conflicto, te vuelves decisivo; la persona indecisa que eras ya no está; la coherencia y consistencia de tus acciones afirman tu compromiso con la evolución.

 

El cerebro asimila lo que dices y lo copia. Si eres represivo, pronto te darás cuenta de que los errores primero te perjudican a ti y luego a los demás. Deja fluir tus emociones y, si lo piensas, necesitarás un grupo de apoyo.

La dulce melodía de la vida corre por nuestras venas; está en nuestro cerebro y es el regalo de Dios para ser y dejar ser, por lo que nuestras vidas están constantemente en juego.

Los recuerdos dolorosos deben dejarse ir; la clave está en fluir. El dolor auto infligido es como castigarte a ti mismo. No podías fallarte a ti mismo. Tienes tiempo para ti. Experimentaste un gran trauma y ahora debes superarlo.

La filantropía te ayudará. Los seres de luz hacemos sacrificios con nuestro tiempo. El mérito y la victoria serían tuyos primero. La alegría de ayudar impulsa tu espíritu a perseverar en el altruismo, y esa alegría es duradera, es alegría permanente, es verdadera alegría, y eso ya no es un secreto.

Al salvar vidas, te salvas a ti mismo. Trabajas por ti mismo. Trabajas para que tu mente esté en armonía y empatía con los demás, por tu propio bien y el de ellos.

Recuerda que no estás solo en este proceso; es un proceso que lleva días, meses o años. Vale la pena superar la tristeza. Deja de actuar impulsivamente, medita sobre tus acciones y anímate a compartir, somos seres de luz.

Autora Opulix Stella Velásquez.

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