El COVID-19 es una enfermedad infecciosa descubierta recientemente por un brote en Wuhan, China, que se ha convertido en pandemia, no, no es el apocalipsis, el mundo ha padecido muchas pandemias previas, entre ellas:

  • La plaga de Atenas, (fiebre tifoidea) que mató a una cuarta parte de la población en cuatro años.
  • La peste Antonina, (viruela) que mató a 5 millones en total.
  • La peste de Justiniano (peste bubónica).
  • La peste negra que mató a 20 millones de europeos en seis años.
  • La gripe española que mató a 25 millones de personas en seis meses.
  • El VIH/SIDA que mato entre 20 y 25 millones, sobre todo en África.
  • El síndrome respiratorio agudo severo de 2002 (SARS).
  • La gripe aviar de 2003, (H5N1), se convirtió en amenaza de pandemia en 2005, cuando se produjeron los primeros contagios en seres humanos.
  • La gripe AH1N1 (gripe porcina) entre las cuales ya hablamos de millones de víctimas, sin mencionar el ébola.

En este momento, donde todos tenemos el conocimiento a la mano, se busca una respuesta tanto individual, como colectiva, frente a la pandemia denominada COVID19, pero el verdadero reto es mantener el equilibrio entre los intereses individuales y colectivos, responsabilizarnos de nosotros mismos y conservar la calma, sin emitir juicios y conservando una distancia critica, sin permitir que nuestra fuente de información más cercana, las redes sociales, generen pánico, ansiedad, o emociones negativas, que desemboquen en angustia, miedo o relaciones violentas y descontroladas.

En la guerra mediática de tener la razón todo el tiempo y de tratar de educar a nuestros semejantes, el verdadero reto es preservar la calma, relajarse, ser atento y considerado con los demás ¿es esto posible? Las instituciones de salud nos dan directrices que incluyen sencillas prácticas de higiene limitando las relaciones interpersonales, y con un aislamiento parcial, suena sencillo, pero requiere algo valioso y determinante: ¡una conciencia tranquila!

El mundo pide una pausa, por el bien individual y el bien común, se requiere hermanar al mundo, unificarlo, protegerlo

Hace poco leía en Venecia grafitis por toda la ciudad que decían: “Cuida Venecia, Respeta Venecia”, al parecer es lo que nos pide el mundo a gritos, ¡Cuida el mundo, respétalo!, es hermoso sentirse cuidado, sentirnos conectados, siempre será mejor pecar de bueno que de gandaya y detenernos a enaltecer a los mayores, cuidarlos, porque al final todos vamos para allá, ¿cuándo perdimos el culto por las canas?

Sin duda alguna esta pausa en el mundo es para pensar, para sentir, para lanzar una mirada a nuestro interior, elevar nuestro nivel de conciencia, no hacer yoga para “estar buenos” sino hacerlo para ser sensibles y empáticos, amar al prójimo, buscar un punto de equilibrio es importante, vernos a nosotros mismos con amor y amar a los vecinos, a nuestras familias, tener el mayor ejercicio de amor incondicional a todo y en todo momento.

En esta pandemia la actitud lo es todo, ¿cómo asumes esta prueba? con pánico, culpa, juicio, incredulidad, o con un amor incondicional, aprendiendo de todos y de todo, sacando lo mejor de ti y de los demás, creciendo en crisis, como dice Alfonso Ruiz Soto, Crisis es tiempo de crecer.

Es una oportunidad lo que la vida nos da con esta pandemia

Una oportunidad increíble que nos permite descubrirnos a nosotros mismos desde la perspectiva del cambio, asúmelo con valor, con entereza y con sabiduría, no celebro la muerte de ninguna víctima, por supuesto, pero mi homenaje va en honrar sus vidas con un aprendizaje profundo de conciencia, de amor, de dejar de ser jueces crueles, esclavos corporativos, dejar de consumir productos en lugar de alimentos, y dejar de calentarlos en la caja del cáncer, de tener el valor de vivir sin miedo pero respetando y cuidando nuestro mundo, de sonreír mas y a todos, sonríe por favor, porque a veces me siento como una loca que va por ahí sonriendo a todo mundo en la calle, y no, no estoy coqueteando, es solo que me encanta sonreír y descubrir a mi paso gente maravillosa y llena de vida, gente que trascendió del egoísmo a la hermandad.

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