En días pasados recibí un mensaje Vídeo, para estar acorde con los tiempos digitales) de mi hermano, donde me invitaba a ser más interactivo con el medio, es decir, a internalizar con el ambiente donde vivo, ya que muchas veces dejo pasar un tiempo prolongado sin salir por las zonas aledañas a mi hogar. Esto con el fin de hacerme ver que el ser humano es un ente social y necesita demostrarlo mediante una acción frecuente, como lo es el salir y caminar por las cuadras alrededor del vecindario y acaso, un poco más allá e interactuar no sólo dando el saludo vecinal y el uso cortés al cruzarse con personas conocidas o medianamente conocidas, sino también a interactuar con los otros entes, seres vivos que también son parte del medio ambiente. Y esto, ¿Cómo se entiende? ¿Saludar a perros transeúntes? ¿A gatos de andar solemne? ¿A árboles de frondosas ramas que te hacen reverencias como un saludo, a su vez?

Esto último me trajo a colación una anécdota recordada frecuentemente por el nobel José Saramago, cuando contaba la despedida de su abuelo, dándole un abrazo a cada árbol de su patio al tener que irse y dejar su casa rural, para ser llevado a otra zona de convivencia por su vejez avanzada. ¿Qué trasfondo en profundidad podríamos sacar de esta anécdota, donde se evidencia la sabiduría de lograr ser comunicativo, solidario, consecuente con aquellos entes que conforman la población vegetal, y no sólo en la relación entre seres humanos, sino en la interacción con los demás seres vivos con quienes compartimos la vida en el planeta?

Es un sólido argumento para quienes ven la relación social como un sostén de las poblaciones en un ecosistema delimitado por factores ambientales específicos.

El ser humano, desde que fue consciente de la necesidad de interactuar con el medio como parte integral del mismo, buscó la comunicación constante para formar comunidades y establecerse en un área determinada, porque así pudo darse cuenta de que era más ventajoso para su supervivencia actuar en grupo y dejar de ser nómada, para convertirse en un ser sedentario en un ambiente donde pudiera familiarizarse con lo que lo rodeaba y donde los factores ambientales pudieran favorecerlo en su estadía. Pero también se dio cuenta de que era necesario el intercambio con los otros integrantes del entorno, ocupando un espacio entrelazado con otros entes que también se asentaban en esa zona, porque los factores del ecosistema también interactuaban con ellos.

El intercambio entre poblaciones endémicas fue, desde un primer momento, beneficioso para cada uno. La simbiosis activa (Mutualismo) dio a cada cual una ventaja marcada, pero también una obligación precisa de convivencia y supervivencia. Puede que, dada la superioridad del humano lo haya puesto en ventaja, pero la adaptación a las variaciones climáticas se da mejor en otras especies y la fragilidad humana se pone en evidencia, cuando de eso se trata. El hombre tal vez no hubiese sido capaz de sobrevivir a las variaciones ambientales abruptas y rigurosas si se hubiese encerrado y dejar la interacción sólo para la caza y la defensa ante los riesgos acechantes.

La domesticación de animales representó un avance notable en la evolución y el reconocimiento de las plantas frutales, los árboles madereros y las hojas medicinales lograron que se rodeara de comunidades vegetales que también se beneficiaron del cuidado ante enemigos como plagas destructoras, por ejemplo. El hombre ha avanzado en su ruta evolutiva y ha desarrollado una tecnología de punta con la ciencia aplicada, pero, en muchas oportunidades, ha arrasado con ecosistemas que a la tierra le ha costado mucho tiempo humano en alcanzar. La ecología ha sido una ciencia que se ha encargado de destacar la importancia que constituyen los factores ambientales para la vida diaria del planeta y su ritmo cambiante.

Sin embargo, la indiferencia hacia los cambios notables en extensas áreas o, lo que es peor, su acción indiscriminada en la alteración de los recursos naturales para la obtención de beneficios de carácter económico, ha dejado una huella visible, como cicatrices abiertas y supurantes, en vastas regiones que no llegan a sanar por completo o el tiempo geológico para hacerlo supera la edad y sucesión de generaciones para ver esa recuperación. Afortunadamente la sensibilidad consciente es una reacción natural que conforma el carácter de buena parte de la humanidad y actúa en consecuencia en la protección de áreas de fragilidad ecológica y busca proteger comunidades de animales y vegetales, sobre todo, ante los cambios notables en el clima y acciones violentas de factores que se manifiestan en la dinámica terrestre. Pero también ha puesto su mirada hacia la extensión del universo, buscando, tal vez, encontrar otro planeta de características semejantes al nuestro, sin darse cuenta de que el planeta Tierra es único e irrepetible. Si tan solo pudiera entender que la interacción armoniosa entre sus pobladores, comunidades ecológicas de animales, vegetales y humanas es el principio sostenedor del equilibrio tan necesario para la supervivencia de todos.

He vuelto a ver el vídeo que me hizo llegar mi hermano y me sigue causando cierta inquietud, porque, a pesar de tratar de ser un ente protector de los recursos ambientales, siento que a veces actúo con alguna costra de indiferencia ante los otros pobladores. Pero también sé que esa costra es muy delgada y no es tan complicada quitarla de la piel. Tal vez deba agradecerle la razón del envío, porque las acciones diarias rutinarias nos apartan un poco de las relaciones sociales. A menos que yo esté tergiversando el concepto de lo que significa ser un ente social. Debo salir, interactuar y averiguarlo

 

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