Una administración poco ágil

La administración de Enrique Peña Nieto inició su gestión con una serie de importantes reformas en distintos sectores (financiera, energética, educativa), la primera de ellas y, si lo pensamos a muy largo plazo, la más importante fue la educativa. En esta reforma se busca modificar el sistema de educación pública, a través de cambios significativos principalmente en el régimen laboral del magisterio, pieza fundamental para lograr un verdadero avance en el sector, eliminando prebendas y beneficios que poco ayudan a los educandos. Sin duda, cambios indispensables para darle otro sentido a la educación pública en México…

PERO, ha transcurrido prácticamente la mitad de esta administración, sin que sea palpable ninguna otra modificación o cambio radical en la manera de gestionar la educación pública; mientras es innegable que la reforma educativa era necesaria desde hace muchos años, tampoco podemos ocultar el hecho de que lo modificado no representa el único lastre que tiene el sistema educativo nacional.
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Temas tan elementales como infraestructura en escuelas es un gran pendiente que el gobierno mexicano arrastra desde hace muchos años y no me refiero a infraestructura como equipos de cómputo, telecomunicaciones y demás, en muchos, muchísimos casos hay escuelas que no cuentan con aulas (si, aulas), baños, áreas de recreo o descanso, entre muchísimas otras carencias que hacen muy difícil pensar que, con solo modificar leyes y reglas, este tipo de cosas van a cambiar por sí mismas. Hace falta muchísimo trabajo en este sector.
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Pobre gestión urbanística

La contaminación en la llamada megalópolis (todos los estados que se ubican en la zona central de la república mexicana) ha sido tema de conversación en los últimos meses. Esto porque en este tiempo hemos tenido niveles de contaminación atmosférica no vistos en muchos años. Hay suspicacias sobre la veracidad de las mediciones, pero como dice un viejo refrán “lo que se ve no se juzga”. Las autoridades ambientales han implementado medidas emergentes que han logrado mitigar parcialmente este gran problema. Al parecer estas medidas, pero principalmente los cambios en las condiciones atmosféricas y meteorológicas han contribuido a bajar considerablemente los altísimos índices de contaminación…

PERO, las medidas implementadas han tenido un impacto bastante negativo que, prácticamente todos quienes nos vimos afectados por las mismas anticipamos: se incrementó dramáticamente el número de automóviles circulando en la zona. Las cifras de ventas del sector automotriz muestran un importante incremento en el volumen de ventas de automóviles nuevos y semi-nuevos justamente en el período en el que se implementó la restricción para circular.

Ello aunado al innegable hecho de que no se tomaron medidas adicionales que mitigaran el impacto en la población directamente afectada, no contribuye en nada a generar conciencia en la población; simplemente la ausencia total de medidas en cuanto a la capacidad del transporte público o mejoramiento del mismo demuestra la falta de sensibilidad y compromiso por parte de los distintos gobiernos involucrados. Mención aparte merece quien gobierna la Ciudad de México que, ante el incremento natural en el flujo de usuarios del sistema de transporte público, lejos de incrementar el número de unidades, trenes, frecuencias, rutas, etc., mejor decidió no cobrar tarifas por uso de algunos medios de transporte público, los cuales por cierto en condiciones normales ya se encontraban saturados. Definitivamente el populismo desbordado e incontrolable de algunos políticos, no les permite ver claramente los problemas que padecemos quienes votamos por ellos.

Un congreso poco transparente

El Congreso (Cámara de Senadores) aprobó, después de mucho tiempo de postergarlo, un paquete de reformas legales tendientes a implementar un sistema nacional anticorrupción. Esto no es una iniciativa nacida del gobierno, ni del congreso: es un reclamo que la sociedad civil ha estado haciendo de forma cada vez más vehemente, desde hace ya muchos años. La corrupción es, sin lugar a dudas, uno de los problemas más graves que padece México y no hay duda que con el reforzamiento de un sistema legalmente establecido, con reglas claras, contundentes y poco ambiguas, podemos aspirar a tener un índice de corrupción más bajo del que hoy tenemos…
PERO, resulta muy desalentador y, en principio, inexplicable (aunque la explicación es muy obvia) que estas reformas y nuevas leyes ignoren uno de los más grandes y recurrentes reclamos de la sociedad, así como una parte toral de la iniciativa ciudadana presentada ante el propio Congreso, que es la transparencia y publicidad de las declaraciones de conflicto de intereses, de impuestos y de conformación del patrimonio de aquellos que ocupan un cargo público.
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Aquí no hay espacio para señalar a un solo partido (aunque el PRI, por supuesto, es uno de los férreos opositores a todo lo que tenga que ver con transparencia y rendición de cuentas), el tema pasa por un análisis individual de la actuación de los legisladores que votaron en contra, o bien se abstuvieron o se ausentaron de la sesión para no emitir voto alguno. Todos ellos deberían de responder por sus acciones u omisiones. Es una lástima que una clase política tan golpeada y carente de credibilidad haya dejado pasar una oportunidad de oro con los electores, de quienes ahora se espera un mínimo de congruencia en la siguiente elección.
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