Hace tiempo leí un libro ¨El Faquir” de un prolífico autor español Ramiro Calle, que me encantó y en donde habla de alguien que intenta encontrar lo que creo que todos o la mayoría buscamos, la paz mental, paz interior, etc. Y conoce un faquir al que convence de que sea su guía espiritual, después de mucho rogarle, El Faquir por fin acepta.

 

Dentro de las condiciones que el faquir le impone es que debe de aprender primero a andar sobre una cuerda floja, que es con lo que él se gana la vida. El alumno acepta gustoso, primero, porque ha accedido a guiarlo y segundo porque piensa que subirse a la cuerda es algo no tan sencillo, pero sabe que puede llegar a dominar.

Conforme el alumno va dominando caminar sobre la cuerda floja, después de muchísimos esfuerzos, El Faquir la va subiendo la cuerda cada día más por lo que el aprendiz se va desesperando y hay días en que quiere claudicar y después de repelar e incluso enojarse, sigue intentándolo.

Cito esto, porque ese hilo, esa cuerda que aparece en el libro se me figura que es la misma a la que me subo cada día, y la que  veces apenas está rozando el piso y está muy delgada que apenas mis pies la pueden abarcar y parece que pierdo el equilibrio, la voy caminando con trabajos, tropezando y caminando chueca incluso, sin equilibrio, sin poder dominar por lo menos una corta distancia, esto mismo me pasa cuando hago los ejercicios de yoga, pierdo el equilibrio, me desespero, pero sigo intentándolo hasta que por lo menos dure unos segundos tratando de conservar el equilibrio, y si lo he logrado.

No sé si la cuerda represente el hilo de mis pensamientos, de mi vida, de las normas que deba cumplir,

pero sí sé que debe de ser una cuerda recta para que pueda caminar sobre ella para no caerme. Cuando pierdo el control de mis pensamientos, cuando siento que también estoy perdiendo el control de mi equilibrio emocional, me da esta misma sensación de que me estoy cayendo de esta cuerda, que está muy delgada y me empieza a dar entre ansiedad, coraje, miedo, de sentir que no soy lo suficientemente fuerte o lista incluso para seguir parada en esa cuerda.

Y he pensado ahora que estoy haciendo esta comparación, que cuando todo va bien con mi vida, cuando domino mis pensamientos, los miedos, cuando me agarro de todas las herramientas que a lo largo de mi vida he aprendido, he buscado, siento que puedo caminar por toda la cuerda e incluso hacer que sea más ancha para que me sostenga mejor.

Caminar sobre una cuerda floja me lleva a darle un significado a que entonces nada es seguro en esta vida, así me esfuerce por hacer lo mejor, ser la mejor, y esa parte me asusta, porque si nada es seguro,

¿Entonces cómo para que esforzarse tanto?

Si por más que me esfuerce para caminar derecho y no caerme como en los ejercicios de yoga que practico entonces quiere decir que hay algo que me falta perfeccionar para hacerlo mejor. Y de repente, me vuelve a asustar pensar que todo está mal o que las herramientas no son las correctas y llevo toda mi vida buscando cuál es la mejor.

Podría hacer de estos pensamientos un cuento o una historia, pero no sería muy real, sería como esconder detrás de algún personaje lo que pienso o siento, como si no fuera yo, pero me gusta hablar en primera persona, porque si desenredo la madeja y encuentro el origen y destino, que llevo ahora si como en los cuentos busque y busque, quiero ser yo la primera en entenderlo, en tener tiempo para procesar analizar, comprender y aceptar.

Y volviendo al libro, el alumno casi llega a igualar a “El Faquir”, sale delante a pesar de sus frustraciones, sus miedos, su coraje de subirse a esa cuerda y caerse todos los días, hasta que la domina, y cuando lo hace sabe que es lo más grandioso que le ha podido pasar.

Así me quiero sentir yo… grandiosa por mis triunfos… aunque no me guste caerme.

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