Había pasado mucho tiempo desde que dejé de dar clases. Tanto, que cuando entré al aula para echar a andar la actividad inicial que iba a cumplir ese día de mi retorno, sentí lo que todo niño siente cuando llega por primera vez a la escuela: el impulso de dar la vuelta y volver a casa. Pero no lo hice.
-¿No bastaba con que nuestros enemigos naturales fueran los sapos?
-¿Ahora también el hombre nos persigue y aniquila; sólo porque nuestro canto le llega lacerante a sus oídos?
Se preguntaba el joven grillo, dentro de la hendidura del muro.
Las gotas hermanas, sometidas al eterno vaivén por todo el mundo, según como anduviera la brisa marina que empujaba la enorme masa de agua a la que pertenecían, comenzaron a desesperarse, en medio de aquel rebullir de mar abierto. El sol se mostraba en todo su esplendor.
Déjame contarte el secreto, digo.
Aunque no quisiera romper el celofán
Intacto de tu inocencia.
No quisiera echar al olvido
Una caminata a tu lado
Pero, debo contarte a sollozos
El porqué de mi actitud a la vida
El pequeño pez se adentraba cada día, un poco más allá de lo que le estaba permitido. Lo hacía a escondidas. Cuando su madre se alejaba para buscar entre la arenilla las minúsculas criaturas que le servían de alimento, él, sin decir nada, se iba hasta la zona aledaña y contemplaba con la mirada extasiada la gran barrera de coral que se le anteponía como un muro infranqueable, pero irresistible.
Una noche mi esposa me preguntó por qué escribía cuentos ambientalistas. Yo me le quedé mirando un rato, dándome tiempo en la mente, para hurgar una alternativa distinta. Al decirme con la mirada escrutadora que seguía esperando por mí, contesté que había sido ella, quien me había motivado a hacerlo. Sonrió entonces y se dispuso a dormir. ¡Vamos! Sabía de sobra, cuál iba a ser la respuesta.
La vio por primera vez cuando ella salió del cinematógrafo, la nueva maravilla del mundo conocido. Iba sonriendo entre un grupo de muchachas, casi tan bellas como ella. Y desde ese día la veía pasar por aquel bulevar que se había convertido en su sitio de paseo preferido, más por saber que ella volvería a pasear cada tarde, que por disfrutar de los hermosos paisajes (que eran muchos) y ver el espectáculo que brindaba la naturaleza con las hojas que se desprendían de las ramas de los árboles, en aquel otoño que se alejaba velozmente.
La cultura es la manifestación del hombre por expresar la creatividad con sentido de la belleza, por divulgar el conocimiento científico y por establecer normas de comportamiento que hagan más llevaderas las relaciones de un grupo social que se dan en una época determinada.
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