A lo largo de nuestra existencia, la música se convierte en mucho más que solo acordes, armonías y letras pues nos acompaña en cada uno de sus capítulos.

Con una buena amiga tenemos la convicción de que la vida podría explicarse a través de canciones. Fue el tema de nuestra primera conversación y desde entonces mantenemos una gran amistad, por extraño que parezca.

Esas melodías que abrazan recuerdos, historias, vivencias y emociones, son las que nos hacen sentir protagonistas de nuestra propia película.  ¿Qué serían las películas de Steven Spielberg sin las genialidades de John Williams?  ¿Cinema Paradiso sin las composiciones de Ennio Morricone, Gladiator sin la banda sonora de Hans Zimmer, Back to the future sin Alan Silvestri o Amélie sin Yann Tiersen?. Creo que la respuesta es unánime, serían incompletas.

Entonces me pregunto: ¿Qué sería nuestra vida sin la música? Me invade un silencio profundo. Siendo los personajes principales de nuestras historias creo que cada instante merece su propia banda sonora y en mi caso particular la música forma parte de la ternura que me rodea y del calor de mi hogar.

Nuestra relación con la música comienza desde el vientre materno, cuando nos cantan el primer lullaby, con las canciones que acompañan nuestra infancia, los temas de las películas animadas, las melodías que nos heredaron abuelos, padres y hermanos, forman parte de nuestro soundtrack. Conforme crecemos, el entorno, los amigos y las experiencias expanden nuestros gustos musicales. Cada ritmo y cada canción tiene su propia magia y su historia única; nos transporta a lugares, nos provoca lágrimas, nos eriza la piel, nos ayuda a soñar, a recordar  y a sentir intensamente.

Si cerramos los ojos y nos imaginamos una película sobre nuestra vida, ¿cuál sería la música de fondo? En mi caso, pienso en canciones como “Busca lo más vital” de El Libro de la Selva, que nos invita a desprendernos y amar la naturaleza, Recuerdos del Ipacaraí, que cantaba junto a mi padre cuando era niña, “Acuarela” interpretada por Rosario, que inspira a pintar el futuro con los colores de nuestras aspiraciones. Temas que me llenan de profunda emoción como “I say a little prayer” interpretada por Aretha Franklin, “Stand by me” de Ben E. King, “Feeling good”, de Nina Simone, “Serenata Rap” de Jovanotti, “Estate” de Negramaro, o “Shape of my heart” interpretada por Sting. Piezas musicales que me han hecho bailar y celebrar como “Ojalá que llueva café” interpretada por Juan Luis Guerra, “Baracunatana” de Aterciopelados, o la “Pollera Colorá” en su versión original; así como, inolvidables melodías de Michael Jackson como “They Don’t Care About Us”.

No puedo dejar fuera mi pasión por los Fabulosos Cadillacs, sus canciones me han acompañado en momentos alegres y nostálgicos, o recordar clásicos como “La bohème”  o “La vie en rose” interpretada por Édith Piaf, perfectas para una velada con un buen libro y una copa de vino. Mi lista sería interminable, pues cada etapa de mi vida tiene su propio himno, canciones que han llenado mi corazón en la emotividad, que han llorado conmigo en la tristeza y que me han regocijado en la alegría.

Hoy te invito a pensar en el soundtrack de tu vida. Haz una lista como lo he hecho yo, deja que la música te lleve por los pasajes de tus recuerdos, vivencias y emociones. Comparte esas canciones que han formado parte de tu historia y descubre cómo han moldeado tu forma de ver y sentir el mundo. En mi caso, he reunido una muestra de estas canciones en una playlist de Spotify llamada de Música e historias https://open.spotify.com/playlist/2NQBJneRciswH9mkTziQhY?si=11InRrGiQ-mN41FtvsydrA&pi=jGAZfHwTQia99 y espero pronto leer las historias musicales que cada uno tiene por contar.

La música es testigo, protagonista y cómplice de cada aventura. ¿Cuál es la canción que está sonando en tu vida hoy?

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