Para mí el fútbol no es solo un deporte: es sentimiento, es emoción, es esperanza, es talento, es unidad, es vida.

Desde niña acompañaba a mi padre al estadio para alentar al equipo de mis amores, el Deportivo Quito, mi querida AKD. Su hinchada, conocida como la más fiel o la de los dos corazones —uno para vivir y otro para sufrir— representa perfectamente lo que significa amar al fútbol. Es el equipo de mi ciudad, al que sigo con cariño en las buenas y en las malas. Recuerdo cada domingo en el estadio, rodeada de energía, alegría y emoción gritando “Y Dale, Dale y Dale Quito Dale” y cantando “Azulgrana desde que nací”.

 

En cada partido aprendí que el fútbol es magia ya que puede unir a personas de distinta edad, género, ideología, religión o condición social, bajo un mismo sentimiento, alentando a un equipo como si fuera parte de su propia historia. Ese mismo efecto lo vemos cuando juega nuestra selección que tiene la capacidad de unirnos y regalarnos esperanza a pesar de las condiciones díficiles que atraviesa actualmente el Ecuador.

Cuando era niña, no era común que las mujeres jueguen fútbol en mi país, se creía que era un deporte masculino. No era algo habitual ni promovido. Aun así, el balón siempre me acompañó. Me gustaba tanto el fútbol que cuando estaba en la secundaria tuve la oportunidad de jugar en un equipo de mi colegio, algo que en aquella época resultaba extraño, pero lo disfrutamos tanto con mis amigas, los pases, los errores, los gritos, los goles, incluso ganamos un campeonato. Son recuerdos inolvidables. Esa experiencia marcó mi vida y confirmó que la pasión por el fútbol no entiende de géneros.

Por eso hoy me emociona tanto ver cómo el fútbol femenino ha crecido. Ver en mi país a niñas desde muy pequeñas jugando, disfrutando de cada jugada, caminando abrazadas a su balón y sintiéndolo como su mejor amigo, es una señal de que algo está cambiando para bien. Los clubes han comenzado a incluir formativas de niñas y adolescentes, cada vez son más equipos que se conforman y compiten, me entusiasma ver que el interés por el fútbol femenino crece cada día, ganando espacios que antes parecían imposibles.

El fútbol moderno nació en Inglaterra en 1863, pero pertenece al mundo entero. Somos millones quienes lo seguimos, lo sufrimos, lo disfrutamos y lo celebramos. El próximo Mundial se celebrará en pocos meses y muchos soñamos con acompañar a nuestras selecciones. Un mundial que ha generado altas expectativas con su nuevo formato con más equipos, el cual nos dará la oportunidad de observar más partidos, disfrutar más jugadas, vivir goles inolvidables y escribir nuevas historias. Tenemos la esperanza de ver a nuestros países avanzar, soñar y llegar lejos. Quién sabe si mi bello Ecuador logra sorprendernos y alcanzar una fase avanzada.

 

Sin embargo, me gustaría que ese entusiasmo que se desborda durante el Mundial masculino también se reflejara con la misma fuerza en el fútbol femenino. Hay mucho talento, jugadoras brillantes como Aitana Bonmatí o Alexia Putellas de España, Alessia Russo o Hannah Hampton de Inglaterra, Marta Vieira da Silva de Brasil, Ewa Pajor de Polonia o Linda Caicedo de Colombia, y podría nombrar más jugadoras brillantes que demuestran su talento en cada partido.

Espero que vivamos un fútbol libre de violencia y que lo disfrutemos con entusiasmo, desde el primer toque del balón al comenzar el juego, la euforia del primer gol, la tensión de un penal, la alegría del triunfo o la tristeza al no alcanzar la victoria. Ojalá la verdadera esencia del fútbol prevalezca y que cada vez más niñas, adolescentes y mujeres practiquen este bello deporte.

Porque sin fútbol, no hay paraíso.

 

 

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