La Plaza de Tiananmén, en Pekín, fue el escenario de uno de los actos de brutalidad más controvertidos que hayan sido perpetrados por un gobierno en las últimas décadas. Con una presión popular que iba in crescendo, culminada ese trágico 4 de Junio de 1989 con la intervención de tanques y hombres armados sobre la muchedumbre, los dirigentes de la República Popular China marcan un antes y un después en la historia política del siglo XX aplastando por la fuerza las reivindicaciones de su pueblo.
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El trasfondo de las protestas de la Plaza de Tiananmén de 1989 no es sino una crisis que afectaría a ciertos grupos sociales: sobre todo, el de los trabajadores que veían cómo la inflación les iba dejando sin posibilidades de vivir dignamente tras las reformas económicas de Deng Xiaoping; también, el de los estudiantes e intelectuales, cada día más insatisfechos con un Partido Comunista que se tenía por despótico y corrupto. En un clima tenso que cristalizaría desde finales de abril, la muerte del líder ideológico de las revueltas Hu Yaobang sería el factor desencadenante de los trágicos sucesos que hoy se evocan con imágenes tan icónicas como la fotografía del “hombre del tanque”, símbolo universal de la protesta pacífica. Algunas fuentes hablan de miles de caídos y decenas de miles de heridos, datos siempre desmentidos por el gobierno.

Hoy cabe preguntarse si las reivindicaciones de los intelectuales chinos de 1989 han valido de algo, si sus muertes, con el paso de los años, han modificado el panorama político, económico y social de su país. Hay quien opina que la China actual opera ya bajo un salvaje capitalismo, que nada queda ya de la ideología del Partido Comunista originario. Pero esto son cuestiones económicas, y lo que latía tras las protestas de 1989 era un deseo mucho más natural e inmediato, mucho más humano: el deseo de la libertad de expresión de un pueblo que quería dialogar con su líder político. Lamentablemente, todo parece indicar que esto, con el 27 aniversario de la masacre, aún no se ha logrado. En efecto, el silencio sigue gravitando en torno a los hechos del 4 de Junio de 1989. La prensa, manipulada, ignora el pasado, y el gobierno quita hierro al asunto. En 2015 se pudo ver el mismo ambiente turístico de todos los días en la céntrica plaza, como si nada hubiera pasado. Las nuevas generaciones se instalan en la indiferencia o en la ignorancia, y parecen seguir al pie de la letra el deseo del gobierno: pasar página.
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Solo unos pocos se atreven a exigir justicia. Pero en este ambiente de represión y tenso silencio la voz de grupos como las “Madres de Tiananmén” no es sino un leve eco que a día de hoy aún no se sabe si, algún día, será escuchado.
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