Medra el almendro
en la primavera prematura,
mudra con su gesto
de ramas entrelazadas
queriendo alcanzar al cielo.

Donde el sol las espera
calentando el estío
pronto llegará el otoño
precipitando al vacío
sus flores blancas
de un almendro resquebrajado
de ramas moribundas
débiles y frágiles.

El alma pende de un hilo
invisible, relámpago, taciturno,
y la energía o alma
vaga por las estaciones
por tierra, mar y cielo.

Y por las estrellas también anda.

 

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