La primera vez que viajé a Europa tenía 12 años. Mi abuelita acababa de fallecer y mi papá no tenía ganas de quedarse en casa para las épocas navideñas porque sabía que le pondría triste; por eso, hicimos las maletas y nos aventuramos a vivir una Navidad lejos de las tradiciones del hogar. Llegamos a Colonia, a casa de una prima de mi papá con dos hijos de edades similares a la mía y de mi hermano. Nos recibieron en un departamento decorado de pies a cabeza con una colección de Papa Noel que iba desde un peluche hasta una escultura de madera en la cocina. Y aunque el calor de casa y el cariño familiar estaba ahí, nunca me sentí tan lejos del hogar.

Después de un día de ponernos al día y de sufrir por el jet lag, salimos a conocer la ciudad. Mientras caía la noche (aunque eran las 5 de la tarde), la ciudad se empezaba a iluminar, y, acompañados de las luces de las casitas de colores, nos dirigíamos a un tradicional mercado de Navidad en donde mi tía aseguraba que me sentiría mejor. ¡Tenía toda la razón! Ni bien llegamos al “Markt der Engel” (Mercado del Ángel) sentí la Navidad en un ambiente de fiesta que lejos de estar concentrado en los regalos, se centraba en el calor humano, la tradición y la familia.

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La magia de los mercadillos navideños

Los mercados de Navidad nacieron en Alemania, en los años 1400. Dadas las bajas temporadas de la época navideña, estos espacios comerciales se crearon para tener centros de calor alrededor de la ciudad y albergar a los transeúntes del frío con bebidas calientes. Poco a poco se convirtió en un lugar en el que se encontraban vecinos y amigos y se fueron expandiendo los negocios alrededor hasta evolucionar a la tradición que conocemos hoy en día.  Yo no lo sabía, pero esta tradición germánica, que ahora es conocida y replicada internacionalmente, es tan fundamental en época navideña como para nosotros hacer la novena.

Me sentí fascinaba por las casetas decoradas, las artesanías que iban desde duendes hasta Papa Noeles (para completar la colección de mi tía), los olores de tradicionales snacks y la música de villancicos. Todo parecía salir de los cuentos de Hanzel y Gretel. Regresé a ver a mi papá y su cara se veía igual que la mía, llena de emoción y nostalgia.

Creo que esa es la magia de los mercados de Navidad, que a todos nos hace sentir como niños otra vez, sea por la infinidad de muñecos de todos los tamaños o porque la experiencia en sí en un espacio de reunión con propios y extraños que buscan lo mismo que nosotros, sentir el espíritu navideño. Después de esa experiencia y hasta el día de hoy, donde sea que me encuentre en la época navideña busco replicarla. Aquí les dejo mis mercados navideños favoritos, en los cuales siempre me sentí como esa niña de 12 años, acompañada por el amor de sus padres y la emoción de una Navidad en familia:

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La magia de los mercadillos navideños

Feria de Santa Lucía, Barcelona: La Navidad en Barcelona tiene muchas tradiciones propias, pero tal vez la más reconocida y original sea los caganers, unos personajes que curiosamente se encuentran en posición de ir al baño (¡es en serio!) como símbolo de fertilización de la tierra y la buena fortuna. En la feria de Santa Lucía, a la sombra de la catedral de la ciudad, las casetitas del mercado se destacan por diseñar caganers de todo tipo y tamaño, y en representación de los personajes más célebres. Dice la leyenda que: si no han hecho un caganer de ti, no eres lo suficientemente famoso.

 

Christkindlesmarket, Nuremberg: xmas_graficas-03Es el mercado de Navidad más famoso y con buena razón. Tiene tantas tradiciones que es imposible terminar de disfrutarlo en un día; tal vez la que más me gustó fue Christkind, una figura navideña conocida como la que da regalos; representada por una mujer vestida como ángel, a la que los niños visitan para pedir sus regalos navideños. Y la comida, ¡increíble! Galletas y pan de jengibre que no sabría cómo describir su sabor más que como un pedacito de cielo.

 

 

Winter Village, New York: La ciudad que nunca duerme es aún más espectacular en Navidad. Ubicado en el centro de Nueva York, el Winter Village ofrece de todo, desde ropa hasta decoraciones y comidas de temporada en casetitas iluminadas por los senderos de Bryant Park.

Bueno y obviamente el Markt der Engel en Colonia, un lugar como nunca antes había disfrutado de la Navidad. ¡Felices Fiestas para todos!

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