Sentado en la penumbra

de una madrugada fría

en la habitación vacía,

mientras el humo de mi puro

se acumula en nubes sobre mi cabeza

y devuelvo a la mesa el volumen que pretendo leer,

hago a un lado mi tasa con café ya helado.

 

Medito, pienso, recuerdo

Situaciones, sucesos de mis últimos años.

Entonces caigo en cuenta

de que la ocasión más cercana

que he estado a de la felicidad

fue cuando pude verla

 

flotando resplandeciente por los pasillos de esta casa

vestida solamente con bragas y lentes,

los celestiales senos meciéndose al aire

las morenas caderas navegando a marcha forzada,

entre la espuma y las olas de la alfombra.

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