“Escribo para mí. Para mi placer. Para mi vicio. Para mi dulce condenación”Juan Carlos Onetti

Enero, 2.Cuando somos chicos, todo tiene el tamaño real: las casas son altas, el mundo es grande, la luna es enorme y lejana. Cuando crecemos, perdemos el sentido correcto de las proporciones y vivimos en la mera ilusión: vemos (y juzgamos) a las cosas más pequeñas de lo que son en realidad.

Enero,9. Los yuyos tiene mala fama. Frente a casa hay unos almendros que planté, los cuales precisan agua diariamente. Si un día no los riego, decaen, indefectiblemente. Los yuyos, en cambio, prosperan sin que nadie les eche una miserable gota de agua y a pesar de estar a pleno sol más de doce horas por día. Eso molesta. Molesta qué, que una forma de vida haya desarrollado tanta capacidad de resistencia y de autosostén, eso molesta, pienso.

Resistir está mal visto.

Enero, 21.Semiótica en alpargatas: que haya más nombres de cosas, ¿significa necesariamente que haya más cosas?

Febrero, 15.Pienso en algo que podría llegar a llamarse “La memoria de Proust”, o algo así. Un hombre no recuerda a Proust, siempre lo confunde con otros escritores, su recuerdo de Proust se difumina. Cada vez que lo lee, se diluye inmediatamente en su recuerdo. Escribo (siempre) textos que hablan soslayadamente de la escritura.

Último día de febrero. Ya no puedo leer un libro de principio a fin. Leo otros libros en medio, varios libros a la vez. Pienso en escribir acerca de las mutuas influencias de esas lecturas simultáneas (contemporáneas).

Marzo, 15.Que un libro de poesía (o narrativa, es lo mismo) precise fotografías, ilustraciones o demás ferreterías me parecen evidencias o indigencias por parte del autor. De indigencia, si el autor supone que la obra precisa del auxilio de otras artes p/ser comprendida cabalmente. De vanidad, si exige ese auxilio en términos jerárquicos, si cree que puede servirse de esas artes, subordinadas a su escritura.

Ya el concepto de libro-objeto me resulta intolerable: por lo pronto, libro-objeto no es más que un aburrido pleonasmo. Siento aquello que decía Plotino, cuando querían  hacerle una estatua (o un cuadro) y se quejaba de que ya tenía suficiente con arrastrar una imagen, ¿por qué hacer una imagen de una imagen?

Marzo, 21. ¿La crítica a un poema debe ser necesariamente poética? ¿Y entonces, la de una novela, novelística o novelera? Así como las injurias a los tigres, ¿deben ser rayadas?

Abril, 22. Bien dijo Barthés (de Lacan, creo) que hay la lectura del placer y la lectura del goce. Hay, digo yo (siempre en el orden epistemológico, se entiende) la lectura del oficio, o de oficio, diría yo. Esas cosas que no queremos leer los escritores pero que hay que leer.

Abril, 26.Otra cosa: qué tarea más sonsa el rastrear rasgos autobiográficos en la obra de un escritor. De todas las posibilidades de la crítica, de todos los campos (epistemológicos, hermenéuticos, intertextuales) es el terreno más cercano y más pobre.

Abril,27.Yo: No necesito un deceso, un desencuentro o un desengaño para estar triste. Ya el paso del tiempo es triste, lo más triste. La aniquilación constante y la constante reconstrucción del Yo en ese devenir. Lo más doloroso.

Mayo, 2.Todos saben dónde están las ganas, la pasión. La verdad es menos localizable.

Junio, 7.Shakespeare tuvo mellizos con una mujer diez años mayor que él.

Junio, 12.Dostoievski y el Goethe grabaron en la memoria colectiva ese relato del estudiante solitario que pasea, el flâneur, que reflexiona sobre el Amor y la Humanidad. Ese relato caducó. Para nosotros es incomprensible. Arlt lo elevó (o bajó), lo tradujo para nosotros, así: ese estudiante, mientras pasea, mientras reflexiona, milita en el partido anarquista, saquea bibliotecas de colegios, planta bombas en dependencias estatales.

Junio, 23.Esto. Holmes no sólo como ordenador de sentido de la versión de la realidad del relato, sino del relato mismo. Viene uno, varios, todos los habitantes de Londres con una serie de datos que no pueden codificar. Holmes los ordena para su comprensión.

Es decir, Holmes, a la manera de la deux ex machinade las tragedias griegas, opera como salvador del relato moderno. En las tragedias, un dios baja del Olimpo a la tierra para poner orden (justicia). En el relato moderno, Holmes ingresa en el mundo (del cual se mantiene, como todo investigador -Legrand, Dupin, Marlowe- cuidadosamente aislado) para aportar sentido.

Agosto, 8.Hay un lugar (en mi cabeza) donde siempre estaré solo, sin importar los años y la gente.

Septiembre, primeros días.Yo digo: Un genio es un tipo que resume, supera y proyecta la tradición literaria de un pueblo. Un tipo del primer grupo: Sarmiento; del segundo: Arlt; del tercero, sin lugar a dudas, Borges.

Septiembre, 10.Termino de leer La forma inicial. Conversaciones en Pronceton, de Piglia. Del mar de anotaciones al margen que me produjo esa lectura, rescato p/ mi diario esta  observación, certeza que me persigue y me orienta desde la infancia: No soy un lector que escribe. Soy un escritor que lee.

Septiembre, 11. A un día de cumplir los 33 años, he pensado mucho en esto: alguna vez leí (o escuché) que el oficio o el talento literario no se heredaba de padre a hijo, sino de tío a sobrino. Eso, trasladado a la historia literaria de nuestro país: si nuestro padre es España, nuestro tío es Francia. El viaje iniciático de nuestros escritores primitivos siempre fue a Francia (la casa de los tíos) y no a España (la casa de los padres).

Septiembre, 18.Escribo donde puedo.

Septiembre, 19.Hace mucho que no escribo en mi diario. Pocas actividades tan esencialmente humanas como quejarse de lo inevitable.

Cualquier cosa que no sea literatura, o que no esté relacionada directamente con la literatura, me aburre o me cansa.

Septiembre, 20.Un periodista se conecta con el mundo para hacer su obra; un escritor hace su obra para conectarse con el mundo.

Octubre, 3.El panteísmo es una suerte de vagancia del pensamiento. De nada sirve el análisis, ya que los detalles o diferencias particulares no existen. ¿Para qué? Si, detrás de todo, está Dios.

Octubre, 5.Lo único que no predijo Nostradamus es que iban a plagiar y descontextualizar todas sus profecías.

Octubre, 8. En relación a un género, un artista sólo puede parodiar o traicionar.

Ahora, yo digo (escribo): La palabra es la palabra escrita.

Octubre, 17.Un argumento: Los disfrazados, Los disfraces terrestres: Un tipo entra a un bar, un café, en un pueblo. Es profesor de historia o filosofía. Va de paso. Saca un libro, toma notas. Entabla conversación con el mozo, el barman, un proveedor. Todos saben mucho, demasiado del tema. El hombre se admira. El diálogo se detiene. Se abre la puerta, entra la policía. Los dependientes del lugar siguen su trabajo, silenciosos. Ante alguna pregunta convencional del policía, responden tonta o vulgarmente. El hombre comprende. Oculta el libro, las notas. A la pregunta del policía sobre su oficio, responde: Vendedor viajante. ¿Qué vende? Biblias o Constituciones nacionales. El policía se va. El hombre se despide. La palabra como disfraz.

Octubre, 20. Pocas palabras me resultan tan atractivas como las palabras isla, reducto, búnker.

El común denominador de todos mis adioses ha sido siempre la desprolijidad.

Octubre, 21.Antes, de pibe, escribía cuentos fantásticos, de épocas pretéritas, de torres y castillos, de guerras de otros tiempos, de héroes y leyendas. Con el tiempo, he ido acercándome en el el tiempo y también en el espacio. Hoy, casi todo lo que escribo propende a mí mismo, con leves máscaras, con juegos de espejos. Todos, todo soy yo.

Más tarde, ese mismo día.Sigo buscando, ensayando, la mejor versión de mí mismo.

Noviembre, 13 (?).Cansado. Tengo que recuperar mi diálogo interno, el fluir de mi conciencia. No compartir esa palabra con los otros: la única palabra mía que vale la pena compartir es la palabra escrita. En el plano actual, de la acción, mis intercambios verbales fracasan: a la gente no le interesan mis explicaciones, a mí me aburren o me asustan las explicaciones de la gente.

Recuerdo (copio) esta cita de Onetti: “Se dice que hay varias maneras de mentir; pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos. Porque los hechos son siempre vacíos, son recipientes que tomarán la forma del sentimiento que los llene” (El pozo).

Noviembre, algún día.Uno de mis juegos favoritos consistió siempre en esto: en desconocer. Despertarme a la mañana y jugar a que desconozco el cuarto donde estoy, y después, gradualmente, el techo, la alfombra, el pasillo, el baño, mi cara en el espejo. Lo mismo sucede con mi casa en general, mi patio, mi jardín, mi trabajo. Camino por la ciudad como si yo fuese un recién llegado. Miro a mis hijos haciéndome creer que no conozco sus nombres. Hago el amor con mi mujer como si fuese una desconocida. Así, voy enajenándome sin querer (o acaso, con la secreta intención de querer). Sospecho que llegará un día en el que verdaderamente dejaré de reconocer, de reconocerlos y de reconocerme. Llegado ese punto inevitable, intuyo que comenzaré otro juego, el juego inverso, necesario, a saber: jugar a conocer. Hacer de cuenta que conoceré esa vida, la vida del hombre cuyo rostro desconocido me devolverá el espejo. Jugaré ese juego hasta el final, supongo. Hasta que un día perdido entre los días recupere la memoria de mi yo, mi verdadero yo, la memoria original de ese hombre que he dejado de ser hace tiempo, alguno de esos días perdido entre los días.

Noviembre, 24.Lo verdaderamente triste no son las muertes tempranas, las tragedias, las traiciones, las separaciones. La verdadera tristeza es que la vida sigue.

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